
En medio de la Copa Asiática Femenina que se juega en Australia, las jugadoras iraníes se rebelaron contra el régimen de su país y quedaron completamente expuestas. El detonante de esta crisis se remonta al primer partido del torneo, cuando las futbolistas decidieron no cantar mientras sonaba el himno nacional iraní. Estos gestos son vistos como actos de deslealtad por parte del régimen iraní, donde las represalias por este tipo de «traiciones» pueden ser letales.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, instó al primer ministro australiano, Anthony Albanese, a conceder asilo a las jugadoras: «Australia está cometiendo un terrible error humanitario al permitir que obliguen a la selección nacional femenina de fútbol de Irán a regresar a Irán, donde muy probablemente serán asesinadas. No lo haga, señor primer ministro, concédales ASILO», escribió e incluso ofreció que Estados Unidos las recibiría si Australia no lo hacía.
Cinco jugadoras accedieron a visados humanitarios y fueron trasladadas a un lugar seguro con apoyo policial. El resto del equipo, sin embargo, sienten que deben regresar (a Irán) porque están preocupadas por la seguridad de sus familias, incluidos los posibles ataques contra esos familiares si ellas no vuelven.